Las preguntas que nos hacemos como psicólogas (y psicólogos) y las definiciones funcionales que construimos, las interpretaciones que asignamos a los datos obtenidos, están embebidas de los prejuicios de nuestra cultura. Somos sujetos y objetos de nuestra ciencia y a veces nos sentimos como peces en el agua sin darnos cuenta de que nuestro medio es húmedo porque nunca hemos vivido en otro.
Florence Denmark. Presidenta de la APA 1980.
Tomado del podcast Psicoterapia Feminista.

La psicología feminista analiza como la estructura de género organiza la sociedad estableciendo relaciones jerárquicas en las que las mujeres están subordinadas, así como el efecto que esto tiene en la salud y el bienestar de las personas.

Se toma como punto de partida la crítica a la supuesta neutralidad, objetividad y universalidad de la ciencia, a la que la psicología se ha esforzado por pertenecer, que se basa en un supuesto sujeto universal de conocimiento pero que se encuentra específicamente en el varón blanco, heterosexual, occidental y con capital político y económico. De manera que el conocimiento de las mujeres y de los hombres que no entran en la categoría dominante no solo queda excluida, sino que incluso se les ha negado la posibilidad de adquisición de conocimientos.

Así, se desarrolló e institucionalizó una psicología androcéntrica, es decir, por hombres para hombres, instaurando sus discursos como fundamentales para la socialización de las personas en el patriarcado, invisibilizando, justificando e incluso alentando la violencia contra las mujeres para así garantizar la perpetuación en el tiempo del sistema sexo/género.

De esta manera, la psicología feminista busca revisar, deconstruir y reconstruir sesgos patriarcales y mitos fundacionales implícitos en las teorías psicológicas y que, al estar naturalizados permanecen aparentemente invisibles.

Y digo “aparentemente invisibles”, porque para el feminismo lo personal es político, de manera que el malestar psicológico, emocional y social, los síntomas, se consideran también políticos puesto que la vida se desarrolla en comunidad, hacemos parte de un contexto sociocultural y económico que nos da un lugar relacional específico, por lo tanto, la salud mental es un asunto político.

Esto no significa que se niegue la enfermedad mental ni el malestar emocional, sino que se explica en el marco de las dinámicas de opresión que afectan a las mujeres, a los hombres y a las personas que se salen de las identidades binarias.

Por ejemplo, las mujeres tienen el doble de prevalencia en diagnósticos de depresión y ansiedad respecto a los hombres, y ellos son diagnosticados con más frecuencia con trastornos relacionados con el consumo abusivo de alcohol y otras sustancias psicoactivas. La psicología feminista entiende estas realidades a la luz de las expectativas impuestas por los estereotipos de género que fundamentan las relaciones de dominación-subordinación, remarcando la insuficiencia de las explicaciones biológicas, dando cuenta de que el género es un determinante social tanto de la salud, como de las interpretaciones realizadas por los profesionales que emiten los diagnósticos.

Este es el diagnóstico de una mujer viuda de 53 años recluida en el Manicomio Departamental de Antioquia en 1926. Alejandra Londoño Borrero, historiadora y afrofeminista colombiana investiga en su tesis «Anómalas y peligrosas» el proyecto normalizador hacia las mujeres en Antioquia durante la primera mitad del siglo XX» los sistemas de dominación sexistas, racistas y clasistas presentes en la psiquiatría en Antioquia entre 1920 y 1950, época de importantes cambios sociales, políticos, económicos y culturales. Con su trabajo se hace evidente que los diagnósticos psiquiátricos, en este caso de las mujeres, eran determinados a partir de la combinación de información proporcionada por miembros de las familias que conocemos como tradicionales, la Iglesia y entes del Estado como la policía. Información que mostraba alteraciones a los preceptos morales de la época más que afectaciones de las personas en sí mismas. Alteraciones que la autora reconoce como resistencias a dichos preceptos.

Por otro lado, con una mirada interseccional, la psicología feminista estudia la influencia de los sistemas de dominación sexistas, racistas y clasistas y sus relaciones, presentes en los síntomas, leyéndolo como bien lo expresa Alejandra Londoño en su tesis de maestría, cómo resistencias a la opresión. La idea de que lo personal es político en psicología implica tener la capacidad de articular cómo la exigencia de los estereotipos de género, casi siempre inalcanzables y el sexismo se representan en el mundo psíquico.

Así, por ejemplo, comprender la relación entre todas las cargas que tiene la mujer por ser mujer, como las tareas del cuidado, las demandas del amor romántico, la doble o triple jornada (hogar-laboral) y las violencias con un eventual diagnóstico. Y también tener presente la violencia que el patriarcado ejerce contra los hombres, negándoles el derecho a sentir y a vincularse afectivamente, exigiéndoles igualmente, unos estándares imposibles de alcanzar en la realidad social actual.

Es claro entonces que no hablamos de una psicología de la mujer o una psicología del género, sino que todas, todes y todos pueden beneficiarse de este enfoque.

La psicología feminista también toma en cuenta el principio de conocimiento situado, es decir, el reconocimiento de que la epistemología está influenciada por el contexto social, cultural y político de quienes producen conocimiento, de manera que estas producciones nunca están desvinculadas de su contexto. La revisión cuidadosa y el cuestionamiento constante a nuestras teorías psicológicas de base y sus respectives autores es indispensable para el ejercicio psicológico feminista.

La psicología feminista requiere entonces que les profesionales que la ejercen se reconozcan como personas atravesadas tanto por el patriarcado como por su propia historia, por lo que deben revisar tantos sus bases teóricas como sus propios sesgos androcéntricos. Así como la visión de que el conocimiento profesional es específico y situado y el conocimiento que traen las personas consultantes también es específico y situado, estableciendo una relación terapéutica horizontal, que no desconoce jerarquías, pero sí reconoce y alienta la capacidad de agencia de cada participante del proceso, siendo muy consciente de la propia posición de poder como terapeuta.

En síntesis, la psicología feminista:

  • Es crítica con los principios de neutralidad, objetividad y universalidad de la ciencia, reconociendo en su lugar el valor de las diferencias humanas.
  • Lo femenino y lo masculino son construcciones sociales, por tanto, reconoce que mujeres y hombres son diferentes, así como lo son las mujeres entre ellas y los hombres entre ellos, además existen experiencias de personas que no se identifican en el binarismo y también son atravesades de manera violenta por los sistemas de opresión.
  • Analiza la influencia de los sistemas de dominación sexistas, racistas y clasistas, tomando en cuenta el efecto de los estereotipos de género en la salud y la enfermedad.
  • Lo personal es político, por lo tanto, se busca promover la salud y el bienestar en un sentido amplio, entendiendo la salud y la enfermedad como un continuo biológico, psicológico, social, cultural y político. De manera que la psicología feminista considera la psicología como un saber y quehacer político.
  • Establece una relación terapéutica horizontal, basada en el respeto, cuidado y autocuidado, tomando en cuenta el que el conocimiento es situado, por lo que el saber de la persona consultante es tan importante como el saber psicológico e invita a revisar este último, entendiéndolo en su contexto socio-histórico, político y cultural.
  • Considera que la pedagogía sobre los sistemas de dominación es clave. Por eso, en un espacio terapéutico feminista se nombra y se explican las violencias en cuanto aparece el riesgo o el hecho en sí mismo, sin dar espera alguna.
  • Busca fortalecer la autonomía y la capacidad de agencia, promoviendo el empoderamiento en sus dimensiones económicas, sociales y políticas.

Un comentario sobre “Psicología Feminista

Deja un comentario