Fue San Valentín y cómo todos los años, no faltaron fotos y vídeos virales de hombres en público llevaron a cabo grandes demostraciones de amor con pancartas, globos y peluches gigantes, pero que fueron rechazados.

Se vale decir que estas situaciones se viralizan con más frecuencia cuando se trata de relaciones de heterosexuales, y no porque no ocurra con personas homosexuales, lesbianas o bisexuales, sino porque la viralización tiene una función sociopolítica que no se cumple con las diversidades sexo-afectivas. Es por ello que aquí me referiré a este asunto en términos heterosexuales.

El término soldado caído hace alusión a ese hombre que fue rechazado por una mujer que no supo valorar la gran demostración de amor, dejándolo derrotado, humillado y sin dignidad en ese campo de guerra que es el amor.

Lo primero que hay que nombrar aquí es esa relación entre la guerra y el amor. La guerra es violencia y siempre es hecha por hombres. La masculinidad hegemónica se edifica sobre la imagen del hombre viril, guerrero, valiente, que no le tiene miedo a nada y que tiene el poder suficiente para señalar a un enemigo, reducirlo y acabarlo. Pero, además, y muy especialmente, ese hombre no es – o no se muestra – vulnerable. La guerra se nutre de estrategias de manipulación que habilitan los campos de luchas, pasando por encima de la humanidad y la dignidad de las otras personas. Lo único que importa en la guerra es ganar o morir en el intento.

Lo que busca ganar la masculinidad hegemónica en la guerra del amor no tiene que ver con la mujer entendida como ser humana y deseante, sino como trofeo. Como un objeto que pueden exhibir y eventualmente desechar. En esta forma de concebir el amor como un campo de guerra, a los hombres no les interesa ser amados y deseados por una mujer, les interesa conquistarlas, y no en sentido romántico como les gusta usar esa palabra, sino en su sentido literal de ocupación y dominación de los cuerpos y los deseos de las mujeres. Es un ejercicio colonizador.

El soldado caído es, entonces, ese sujeto que murió intentando apropiarse del cuerpo y el deseo de esa mujer que previamente había marcado como objetivo de guerra. Los soldados caen porque sus estrategias de guerra no funcionan. Y ahí vamos al segundo punto de todo esto.

Las grandes demostraciones de amor, en espacios públicos, con regalos enormes y que cuenten con la participación activa y pasiva de testigos (entre más, mejor) es una de las estrategias por excelencia y se llama love bombing o bombardeo de amor. Esto tiene – en apariencia – la intención de hacer una declaración romántica que demuestre que ese soldado está dispuesto a todo – incluso humillarse, morir en la guerra – por la atención y el amor de esa mujer.

Que dicha demostración traiga implícita la disposición del hombre a humillarse por una mujer tiene un nombre: manipulación. De ahí que los soldados caídos produzcan pena, pesar, lástima. Empatizamos con ese sujeto que tuvo la valentía de exponerse a ser humillado por una mujer. Nótese que el riesgo nunca es el rechazo, es la humillación pública a la que se somete un hombre cuando es rechazado con una declaración de este tipo.

Así, el love bombing no es romántico. Es manipulación emocional que busca presionar a la mujer para que diga que sí; para que sienta pesar por ese hombre que puede ser humillado si lo rechaza o para evitar la sanción social por desagradecida. Si las mujeres, ante los ojos de la masculinidad hegemónica que va a la guerra por amor, no somos consideradas seres deseantes, sino objetos de deseo, entonces debemos agradecer que un soldado, un guerrero nos elija, nos quiera, nos desee y nos salve. Si lo rechazamos somos desagradecidas, creídas, insensibles. Así, el love bombing es una estrategia de guerra en el amor para lograr ese SÍ como trofeo, no para buscar el interés y el deseo de esa mujer sobre el hombre que la bombardea.

Sí, es cierto que hay mujeres que disfrutan de estas manifestaciones públicas. Y en esa medida, si esto va a ser parte de su lenguaje del amor, deben asegurarse de que a esa persona le guste y lo disfrute, que no signifique presión social para aceptarlo ni sanción social en caso de ser rechazado.

Ahora pensemos el love bombing no como declaración de amor sino como estrategia de persistencia y resistencia. Se presentan las grandes manifestaciones de amor como una forma de perseverar en el proceso de conquista de una mujer. Un intento de resistir en el campo de guerra.

Esto de persistir y perseverar suena muy romántico, pero cuidado. Que aparezca la perseverancia en este contexto significa que hubo un rechazo previo. Es decir, ese hombre ya manifestó su interés a esa mujer y ella dijo que No.

La persistencia es una manera de ignorar el No y transgredirlo en nombre del amor. El soldado se lee a sí mismo como aún sobreviviente en la guerra, con posibilidad de ganarla. Solo debe persistir, perseverar para llegar a su objetivo: conquistar el amor de la mujer. Una mujer que, por demás, es leída por él como un ser irracional que no sabe lo que quiere. Si ella no es capaz de desear, entonces tiene que entender que es objeto de deseo, y debe, además, agradecerle por desearla.

Algunos dicen que la perseverancia funciona porque al final ellas ceden, se rinden y se entregan al amor. Y sí, ceden, dejan de poner resistencia, terminan aceptando a ese soldado por físico cansancio y no por deseo e interés. Que en el camino ellas lleguen a sentir afecto, cariño, amor por ese hombre es otro asunto que podemos analizar en otro espacio. Lo cierto es que no empezó porque ella lo deseara.  

La perseverancia en este contexto se llama acoso. Cuando una persona dice que No y la otra insiste, se llama acoso. Y es violencia.

Es violencia porque lo que para uno es perseverancia, para la otra es abandonar lugares, actividades, amistades, tiempos, oportunidades, sueños tratando de evitar al soldado que persevera. Lo que para uno es una insistencia romántica, para la otra se traduce en miedo, cansancio, rabia, indignación. Esa forma de ofrecer – o imponer – el amor por parte del hombre que se piensa como soldado, significa la pérdida de tranquilidad y seguridad del objetivo, es decir, de la mujer. Así, ella termina cediendo en un intento de recuperar su tranquilidad y sensación de seguridad. No se cede por amor, se cede por miedo. Y es en el miedo donde triunfa el patriarcado.

También dicen que hay mujeres que les gusta que les rueguen. Las mujeres somos criadas con la costumbre de “hacernos la difícil”, ya que solo las mujeres ‘fáciles’ se entregan a un hombre rápidamente. Y pensando el amor como una guerra, esto tiene sentido ¿Cómo se hace un soldado sin pelear la guerra? Entonces no es que a las mujeres les guste que les rueguen, es que les enseñaron que así es como se determina su valía como mujeres lo que, a su vez, permite que la masculinidad se construya en términos de virilidad y belicismo.

Es decir, a las mujeres no se nos socializa para expresar nuestros intereses y deseos, pero ¿Es eso una razón realmente válida para que los hombres sean acosadores?

Ni en el amor ni en la guerra todo se vale. El amor no tiene que ser un conflicto bélico. El amor debe estar basado en el cuidado, la libertad y la reciprocidad.

Lo hombres heterosexuales tienen que empezar a preguntarse – con urgencia – por la comprensión que tienen del amor. La narrativa del “soldado caído” nos habla de un sujeto que no es capaz ni de amar, ni tampoco es capaz de dejarse amar, y por eso necesita que las mujeres cedan y accedan por cansancio, no porque realmente los deseen.

En las relaciones amorosas hay más de 1 persona participando. Y con eso en mente tenemos que empezar a pensar el rechazo como parte del deseo – o no deseo – del otre, no como una afrenta en contra de la dignidad de quien expresa un interés. De eso va el consentimiento, que debe ser libre y voluntario y no el resultado de múltiples mecanismos de presión.

Y sí, sobre esto también tenemos que reflexionar las mujeres. Aunque predominan las víctimas mujeres, el acoso no es una práctica exclusivamente masculina. Las mujeres también acosan, también se ofenden por el rechazo. Las explicaciones son diferentes, pero también debemos empezar a pensar el amor como vida y no como muerte, que es lo que representa la guerra.

Necesitamos menos soldados y más hombres que amen en libertad.

Y recuerden:

 

Un comentario sobre ““Soldados Caídos”: del ‘love bombing’ al acoso

Deja un comentario