
Empecemos aclarando que ni la psiquiatría ni la psicología reconocen el síndrome postaborto, por lo tanto, es un diagnóstico que NO existe.
El mito del instinto materno como un atributo natural de las mujeres del cual se desprende la maternidad como destino, fue el punto de partida para la construcción argumentativa en contra del derecho al aborto que reclamaban los movimientos feministas, y a finales de los años 80 y principios de los 90 en Estados Unidos se propuso oficialmente la existencia del síndrome o trauma postaborto.
Se realizaron y documentaron muchas investigaciones que confirmaban su existencia, pero tenían importantes sesgos metodológicos, por ejemplo:
- Los estudios no tomaron en cuenta la estigmatización social y la violencia alrededor de las mujeres que se practican un aborto.
- Mezclaron en una misma categoría abortos de embarazos no deseados, abortos espontáneos y abortos terapéuticos de embarazos deseados.
Así, una vez probado que abortar en las condiciones adecuadas es seguro, se procedió a darle fuerza al mito del síndrome postaborto como estrategia de persuasión para convencer a las mujeres de no abortar.
Abortar es en general muy seguro
Las mujeres que han muerto por un aborto, no han muerto por el aborto en sí, sino por las condiciones en las que se dio el mismo. La prohibición llevó a la creación – necesaria – de clínicas clandestinas para practicar abortos. Y el problema no es la clandestinidad en sí, que por demás salvó a muchas mujeres, sino el abuso de profesionales de la salud que instrumentalizaron una necesidad vital de las mujeres para lucrarse a costa de sus vidas y bienestar, así como la imposibilidad de acudir a servicios de salud en caso de una emergencia por el riesgo a terminar presas por abortar. Y esto continúa sucediendo en lugares donde el aborto es totalmente penalizado. Las mujeres hemos abortado toda la vida, por eso la pregunta no es sí lo hacemos o no, sino cómo lo hacemos.
Actualmente, en Colombia el aborto está despenalizado hasta la semana 24 y después de ese plazo continúa vigente el modelo de las 3 causales (peligro para la salud física o mental de la mujer o persona gestante; malformación del feto incompatible con la vida; violación o incesto). Así, hasta la semana 12 de gestación, el aborto se hace con pastillas. Después de ese tiempo se utilizan técnicas instrumentales o quirúrgicas que son ambulatorias, por lo que en general no requieren hospitalización.
La gran mayoría abortan antes de la semana 12 de gestación. El aborto es un procedimiento seguro.
Los efectos físicos del aborto con medicamentos han sido exagerados para asociarlos al síndrome postaborto, dibujando la experiencia como traumática, peligrosa e incluso mortal. La realidad es que los efectos normales de un aborto con medicamentos son:
- Sangrado y cólicos un poco más fuertes que los habituales asociados a la menstruación. Su intensidad varia de mujer a mujer, pero muy rara vez es incapacitante y se reducen hasta desaparecer cuando se finaliza la expulsión.
- En algunos casos, no en todos, pueden haber vomito, diarrea, dolor de cabeza y un poco de fiebre, que también es normal y se puede manejar con medicamentos específicos para esos síntomas.
Si no hay sangrado ni cólicos, o si los síntomas persisten un día después de la toma de medicamentos la recomendación es ir al médico para verificar que todo este bien y el aborto se haya completado. Es un proceso seguro.
En los procedimientos quirúrgicos o instrumentales depende de las semanas de gestación, les profesionales de la salud determinaran cual es la opción más adecuada y normalmente son ambulatorios. El método que produce importantes complicaciones, por lo que fue declarado obsoleto para practicar abortos tanto por el Ministerio de Salud y Protección Social como por la Organización Mundial de la Salud es el legrado, por lo tanto, no es un método que deban ofrecer, la normativa dice que el legrado no se debe usar para hacer abortos.
En casos de niñes y adolescentes, un aborto es más seguro que el propio embarazo. Los riesgos asociados al embarazo infantil y adolescente van desde la desescolarización, pasando por la violencia intrafamiliar y la perpetuación de la pobreza, hasta la muerte.
Cuando el embarazo NO es deseado, el aborto produce alivio psicológico
Un embarazo NO deseado produce altos niveles de angustia. Se percibe en riesgo todo el proyecto de vida, las aspiraciones, oportunidades, la economía, la familia, etc. Esto, sumado a la estigmatización y la cantidad de información falsa o incompleta tanto sobre el embarazo como sobre el aborto, puede llevar a un estado de sufrimiento psicológico importante.
Cuando la interrupción voluntaria de un embarazo se da de manera informada, tranquila, sin prejuicios ni juicios y sin presiones directas (“no abortes, te vas a arrepentir”, “no abortes puedes darlo en adopción”) o indirectas (ser obligada a escuchar el sonido de la ecografía como “el latido” del corazón que nos muestran en las películas), la consecuencia psicológica cuando se vacía el útero y se finaliza el aborto es: alivio, tranquilidad, serenidad, bienestar.
Lo que produce daño psicológico y emocional, trauma y cuadros de ansiedad y depresión es la violencia. Es toda la presión directa e indirecta que ejercen grupos antiderechos[1] al ubicarse a los alrededores de los centros médicos que hacen abortos con rosarios y arengas religiosas que buscan disuadir a quienes se acercan por un aborto, la circulación de imágenes de fetos o bebés completamente gestados como si fueran embriones con toda la información falsa que acompaña a estas imágenes e incluso violencia directa contra las clínicas y las personas que abortan o hacen abortos. Es la violencia obstétrica por parte de profesionales de la salud contra mujeres, hombres trans y personas no binarias con capacidad de gestar. Es la negativa a la educación sexual integral y laica.
Es todo eso lo que hace daño, lo que produce malestar psicológico intenso que puede configurar incluso trauma. No es abortar.
Embarazos deseados y embarazos NO deseados
Esto es fundamental diferenciarlo. Muchas personas asumen que interrumpir voluntariamente un embarazo implica un proceso de duelo como ocurre con abortos espontáneos o abortos terapéuticos de embarazos deseados.
Cuando un embarazo es deseado, planeado o no, hay una serie de expectativas, ilusiones, fantasías que se construyen en la mente de la mujer, del hombre trans o la persona no binaria con capacidad de gestar. Esas expectativas, ilusiones y fantasías configuran un vínculo afectivo con ese embarazo. Por eso hay un duelo. Hay una vivencia vincular afectiva que atraviesa el cuerpo y el proyecto de vida y que, si se pierde por las razones que sea, duele y requiere un proceso de elaboración de la pérdida y de ajuste a una realidad en la que eso ya no se tiene, es decir, un duelo.
Cuando un embarazo no es deseado nada de eso ocurre. Lo que sucede es lo comentado en el apartado anterior. No puede haber un duelo donde no hay una relación afectiva que me vincule con une otre significative.
El síndrome postaborto se vende como una preocupación por el bienestar de las mujeres. Sin embargo, lo que los estudios han mostrado es que tiene un riesgo significativamente mayor para la salud mental de las mujeres llevar a término un embarazo no deseado que el aborto en el primer trimestre. Las maternidades no deseadas tienen consecuencias profundas en la salud física y mental de mujeres, hombres trans y personas no binarias con capacidad de gestar. Además, impacta el proceso de crianza y vinculación afectiva con les hijes, pues no se puede planear ni soñar, como si ocurre con los embarazos deseados.
Que exista el derecho al aborto nos da la opción de elegir cómo queremos el futuro. Nos da la opción de reconocer qué podemos afrontar y qué no. Es un derecho, no una obligación.
Es un derecho reproductivo, que se enmarca a su vez en los derechos humanos.
El aborto debe ser despenalizado totalmente en la ley y en la sociedad. En Colombia no se penaliza hasta la semana 24 (la mayoría de las mujeres abortan en las primeras 12 semanas), pero después de eso, las mujeres, hombres trans y personas no binarias con capacidad de gestar pierden su humanidad para convertirse en un útero cuyo destino está a discreción de une profesional de la salud y que puede pasar a ser un delito que condena únicamente a quienes tienen útero, a pesar de que la ley dice que la vida humana inicia fuera del útero. No existe un delito exclusivo para quienes tienen pene, y en ese contraste se gráfica la injusticia de la penalización.
Les dejo la investigación de la APA sobre la salud mental y el aborto: https://www.apa.org/pi/women/programs/abortion/mental-health.pdf
Y un estudio longitudinal sobre el estado emocional de las mujeres a 5 años de acceder a un aborto: https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0277953619306999
[1] Se llaman antiderechos no “pro-vida”. No se puede decir que ideas y acciones políticas que promueven la prohibición que origina el negocio clandestino que acaba con la vida de las mujeres, estén a favor de la vida. Están es en contra de los derechos reproductivos de las mujeres. Y aquí hago referencia solo a mujeres porque para estos grupos los hombres trans y personas no binarias con capacidad de gestar simplemente no existen. Son antiderechos.
