La historia de la humanidad y de las ciencias ha sido narrada por los hombres. Y lo han hecho excluyendo deliberadamente la participación y contribución de las mujeres en esas historias. Por eso, para el feminismo la reconstrucción del pasado es tan importante; es clave identificar a las antecesoras y reconocer sus luchas y trabajos para tener claridad del camino que se ha recorrido para que, en la actualidad, yo tenga la posibilidad de estar escribiendo esto para compartirlo con ustedes.  

Uno de los grandes mitos de la psicología es que se ha construido sin mujeres. Desde la institucionalización de la disciplina como ciencia a finales del siglo XIX las mujeres han estado presentes, incluso con protagonismo, pero tanto en la academia como en el campo aplicado sus nombres han sido ignorados en un intento de que se olvide de que las mujeres han contribuido de manera significativa a los estudios de la mente y el comportamiento, elevando así la autoridad masculina. De hecho, si hoy entramos a un aula de cualquier programa de psicología, encontramos una cantidad significativamente mayor de mujeres estudiantes.

Las mujeres tuvieron que luchar para entrar a la academia, pues en principio no se les consideraba con la habilidad suficiente para estudiar y después se les señaló de atentar contra la sociedad por no dedicarse exclusivamente al hogar y la maternidad. De manera que siempre han enfrentado barreras para su formación, investigación, difusión y trabajo en general, negándoles el reconocimiento que merecían.

Con eso en mente, mi intención en este apartado es ir compartiendo con ustedes algunos nombres de mujeres psicólogas que han hecho parte de la historia pero que han sido arbitrariamente borradas de los libros.

Naomi Weisstein (1939-2015)
Imagen tomada de The CWLU Herstory Project