
Término propuesto inicialmente por la antropóloga Gayle Rubin a finales de los años 70 estableciendo una diferencia con el concepto de patriarcado, que hace pensar que la organización social opresiva es inevitable por su permanencia geográfica y temporal.
Aunque algunas personas aún los usen como sinónimos, sexo y género no son lo mismo. El sexo tiene que ver con lo biológico, visible en la genitalidad. Y el género, es la construcción social que se hace en torno al sexo, es decir, en palabras de Teresa de Lauretis:
…la representación de cada individuo en términos de una relación social particular que pre-existe al individuo y es predicada en la oposición conceptual y rígida (estructural) de dos sexos biológicos.
El sistema sexo-género hace referencia a esa estructura que plantea dos sexos biológicos en oposición, transformándolos en masculino y femenino como categorías complementarias y mutuamente excluyentes en las que las personas están ubicadas. Cada cultura constituye un sistema de significados que correlacionan el sexo con sus valores sociales y jerarquías que, aunque cambien en cada contexto socio-cultural, siempre está interconectado con factores políticos y económicos, organizando así la sociedad en estructuras marcadas por la desigualdad.
Como sistema de representación, el género en asociación al sexo asigna significado a las personas en términos de identidad, valor, prestigio, privilegios, etc., y estas deben asumir esos significados para ser parte de la sociedad organizada:
… para alguien ser representado y representarse como varón o mujer implica asumir la totalidad de los efectos de esos significados.
Hablamos entonces de un conjunto de disposiciones humanas que intervienen en la materia prima biológica del sexo y la procreación, no en términos reproductivos en su sentido biológico, pues requiere más que la mera identificación sexo-género, también exige la heterosexualidad obligatoria, es decir, que el deseo sexual se dirija de un sexo determinado a su opuesto binario.
Así, la idea de que el género es la construcción social que se hace sobre el sexo implica que sexo y género son a la vez producto y proceso del otro. Es decir, como indica Teresa de Lauretis: “la construcción del género es tanto el producto como el proceso de su representación”.
